Introducción
Si consideramos aisladamente los elementos que constituyen el todo en la obra de Elvira T. Chapo, aparecen ecos del movimiento Arte Concreto-Invención cuyo manifiesto de 1945 señalaba que “la era de la representación artística toca a su fin”. En dicho manifiesto se buscaba eliminar al Concretismo de todo resabio ilusionista.
“A una estética precisa, una técnica precisa”, otro de sus postulados, está presente en las formas reunidas fragmentariamente en una suerte de rompecabezas que nos dispone al juego visual: un intercambio permanente y continuo que anula la distancia entre el contemplador y la obra.
Esta artista otorga una gran significación a los colores vibrantes, riesgosos, elegidos para estas pinturas-construcciones, -no es fácil clasificarlas- en las que interviene un elemento industrial que se metamorfosea, un hecho fortuito, producto de una alquimia del posmodernismo.
Sin embargo, nadie creería que el apunte o la mancha au plein air -disciplina oculta ejercida con la misma rigurosidad- sea el sustento de un quehacer “esteticista”. Esta palabra, algo desacreditada actualmente, dota a estas formas concretas de un aura ilusionista.
Según el crítico de arte norteamericano Robert C. Morgan, el desafío para quien se considere artista es rejuvenecer el aura en el arte y así redescubrir la transmisión del impulso creativo.
Laura Feinsilber
Crítica de Arte de Ámbito Financiero